“Advierto a Canadá que si no saca de aquí la basura la semana que viene, emprenderé un viaje por mar hacia Canadá para botarla en su costa”.

Con esa declaración, el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, espera concluir una disputa que lleva fraguándose años y que ha provocado que toneladas de residuos acaben acumulados de manera ilegal en los litorales del país asiático.

Pero si esta advertencia no surte efecto, está dispuesto a llegar más lejos y “declararle la guerra” a la nación norteamericana, dijo este martes.

“Canadá, quiero que preparen un barco”, dijo con determinación (y en inglés). “Es mejor que saquen eso de aquí o yo mismo me pondré a navegar y les avisaré de que su basura está de camino. Preparen una grandiosa recepción. ¡Cómansela, si quieren! Celebren que su basura está de vuelta a casa“.

Cuando pronunció esas últimas frases, los asistentes al evento estallaron en carcajadas.

Pero el tema es serio.

El país presentó durante este tiempo varias quejas diplomáticas a Canadá por las 2.500 toneladas de basura que fueron enviadas a Filipinas entre 2013 y 2014.