Clothes washing details, part of a washing machine.

Usualmente se piensa que el baño es la zona de la casa que más microbios alberga. No obstante, los expertos en el tema aseguran que el primer lugar es de otros espacios.

Así lo explican profesionales que estudian los microorganismos al diario español El País, quienes además advierten que la limpieza diaria es una efectiva práctica para evitar enfermedades.

1. Lavaplatos

Una de las zonas más señaladas por expertos es el lavaplatos. Al respecto, Manuel Sánchez Angulo, profesor de Microbiología de la Universidad Miguel Hernández de Elche y miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), detalló que los objetos que se usan para lavar la loza albergan una importante cantidad de microbios: sólo la esponja puede llegar a tener mil millones de microorganismos.

Needpix (CC0)
Needpix (CC0)

Aún así, advirtió que sólo 1 de mil microbios son potencialmente patógenos, de las que destacó a las bacterias Escherichia coli, Staphylococcus aureus o Campylobacter jejuni. “Es decir, en un lavaplatos hay un millón de patógenos potenciales y 999 millones de bacterias que no lo son, pero pueden echar a perder un alimento o incluso provocar una intoxicación si no se tiene cuidado”, aclaró.

2. Electrodomésticos y utensilios de cocina

Otra parte de los objetos potenciales también están alojados en la cocina. Según Carlos Gamazo, catedrático del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Universidad de Navarra, en los utensilios que se usan para procesar verduras y carne suelen alojarse microorganismos.

“Las zonas más peligrosas son aquellas de las que no somos tan conscientes, como la tabla para cortar alimentos”, explicó y detalló:“Si cortamos una pieza de pollo que está contaminada de otros microorganismos, al depositarla sobre la tabla las bacterias se adhieren a la superficie, formando fuertes películas extra-adherentes (biofilms), muy difíciles de eliminar y que pasarán a los nuevos alimentos que se procesen en la tabla. Eso es la contaminación cruzada”.

Needpix (CC0)
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Ante esto, recomendó optar por tablas de plástico en vez de madera, puesto que son menos porosas y con “menos refugios para microbios”.

Aún así, aclaró que ambas tienen un mismo riesgo (aunque en distintas proporciones): “a nivel microscópico, los cortes de la superficie de la tabla actúan como ‘trincheras’ donde se refugian los microorganismos. Si se añaden los restos de la comida y un poco de humedad, los microbios se reproducen. Por eso es importante limpiarlas con la mayor frecuencia posible, frotándolas bien y dejándolas secar”.

3. Lavadora

A pesar que la función de la lavadora es limpiar la ropa, esto no significa que sea precisamente un lugar higiénico. El microbiólogo Manuel Sánchez explicó al medio español que dejar abierto o cerrado el electrodoméstico puede resultar crucial para el desarrollo de microbios.

El experto explicó que con la entrada y fricción de la ropa sucia a la lavadora, “se liberan fibras textiles y materia orgánica e inorgánica adherida. Y el agua que sale por el desagüe es un festín para los microbios: una mezcla de detergentes, las aminas (compuesto orgánico) de los suavizantes, diversas moléculas orgánicas producidas por nuestro cuerpo, células epiteliales muertas de nuestra piel y bacterias”.

Pixinio CC0
Pixinio CC0

Sánchez aclaró que el detergente acaba con varias bacterias, pero no con todas. Sitios como las tuberías, desagüe, manguera o sellos de goma, albergan los microbios formando un biofilm. “Si encuentran una oquedad, la bacteria se queda pegada. Y solo hay que darle comida para que crezca la población”, dijo.

Para evitar la propagación de estos últimos, el experto recomendó dejar abierta la lavadora para que el interior se seque. “El problema es cuando se cierra y queda detergente y suavizante, pelos, restos de suciedad y un ambiente húmedo en el que proliferan hongos y bacterias”, aclaró el experto.

3. Refrigerador

De vuelta en la cocina, otro lugar señalado por los expertos es el refrigerador. Según Gamazo, esto ocurre por la cantidad de alimentos que se olvidan y descomponen dentro del lugar -a veces, sin señales notorias-.

“Algunos microbios toleran el frío e incluso les gusta, y se multiplican bien a la temperatura del frigorífico, como los patógenos que producen gastroenteritis (Yersinia, E. coli, Campylobacter, Listeria y Salmonella). La práctica totalidad de las neveras están contaminadas, algunas severamente, porque los alimentos también lo están. Si se deja tiempo suficiente, llegarán a formar comunidades de millones por gramo de comida”, explicó.

Ante esto, recomendó vaciar regularmente el refrigerador y limpiar las rejillas, en especial en lugares donde suele almacenarse carne: “lo recomendable es mantenerla empaquetada o cubierta, para que no contamine al resto de alimentos ni a las superficies de la nevera”.

4. Televisor

No almacena comida ni humedad pero también es una zona en donde viven algunos microorganismos. Así lo aseguró Sánchez, quien explicó que “la pantalla de la TV crea un campo electrostático que atrae a numerosos microorganismos en suspensión, que presentan moléculas con carga eléctrica en su superficie, y por lo tanto, pueden quedarse “atrapados” al televisor”.

Para evitar que estos microbios causen enfermedades, el especialista recomendó limpiar regularmente el polvo que se adhiere al artefacto y -en caso de tenerlo- al mueble que lo sujeta.

William Hook | Flicker (CC)
William Hook | Flicker (CC)

En detalle, Gamazó explicó que el polvo está hecho de varias partículas en donde hay fibras de tejidos, restos de células de la piel, fragmentos de insectos y heces de ácaros que no superan los 0,03 milímetros pero que albergan bacterias.

“Por otra parte, la presencia de alérgenos (compuestos químicos) inducen reacciones alérgicas. Un ejemplo típico es la alergia al polvo, aunque en realidad es una alergia a proteínas presentes en los excrementos de ciertos ácaros”, dijo.

5. Manillas e interruptores

El experto explicó que las manillas, interruptores de luz, teléfonos, audífonos y teclas son “objetos de material inerte que pueden contaminarse con patógenos y transferirlos a un hospedador sano”.

Según detalló, esto sucede cuando se toca el objeto y luego el usuario lleva sus manos hacia la boca, nariz u ojos. También dijo que otros objetos como las tarjetas de crédito, copas de vino o botellas pueden albergar microbios.

“Si analizamos las manillas y llaves de luz de un cuarto de baño, nos llevaremos la desagradable sorpresa de que están contaminados con materia fecal y de microorganismos fecales”, añadió.