US President Donald Trump updates the media on Hurricane Dorian preparedness from the Oval Office at the White House in Washington, DC, September 4, 2019. (Photo by JIM WATSON / AFP)

Al revelar que había estado a punto de recibir a los talibanes en Camp David, el centro de la diplomacia estadounidense, Donald Trump demostró una vez más que está dispuesto a reunirse con sus peores enemigos, una estrategia que hasta ahora no le ha dado resultados.

El presidente de Estados Unidos puso fin a las negociaciones con los insurgentes acusándolos de continuar sus ataques en Afganistán a pesar de que un acuerdo parecía inminente.

La decisión causó sorpresa, pero también fue bien recibida por aquellos que temían un “mal trato” impulsado por el empecinamiento presidencial de retirar a los soldados estadounidenses después de 18 años de guerra.

“Trump tiene razón al interrumpir las conversaciones afganas”, dijo el exembajador Nicholas Burns. “Los talibanes rechazan todo cese al fuego y continúan llevando a cabo ataques terroristas”.

Por la misma razón, el otro anuncio del republicano suscitó una intensa controversia. Trump afirmó haber cancelado una reunión secreta que se esperaba celebrar el domingo en Camp David entre él y los “principales dirigentes talibanes”, así como con su contraparte afgana, Ashraf Ghani.

A tres días de la conmemoración de los ataques del 11 de septiembre de 2001, que desencadenó la intervención en Afganistán, la reunión habría sido tan histórica como controvertida.