En vídeos grabados por las personas que viven en los sectores cercanos a Plaza Italia se ve cómo tratan de proteger sus viviendas del fuego, incluso arrojando agua de un balde a los focos de incendios cercanos a sus edificios.

Una jornada particularmente violenta fue la que se vivió la noche del martes 12 de noviembre en Santiago. Los enfrentamientos entre carabineros y grupos de sujetos que insisten en polarizar el movimiento social convirtieron algunas zonas de la capital en campos de batalla.

Y en medio de las piedras, el fuego y las lacrimógenas, están los vecinos de los sectores que habitualmente han albergado puntos de protestas y enfrentamientos. Por semanas, estas personas han tenido que lidiar con un efecto colateral del movimiento: la violencia.

En videos grabados por los propios habitantes de las zonas de conflicto, se ven personas que tratan de proteger sus viviendas del fuego, arrojando agua de un balde a los focos de incendios cercanos a sus edificios.

En una de las imágenes, reflejaba la preocupación de un grupo de personas que intentaban evitar que el fuego del incendiado restaurante La Hacienda Gaucha alcanzara sus departamentos en uno de los puntos críticos en Santiago, la noche del martes.

Fue súper angustiante para toda la gente que vive en el edificio porque no sabíamos si el fuego podía pasar o no. Al final nos dimos cuenta de que, como estaba el muro cortafuego, eso no iba a crecer y ya estaba más o menos controlado, pero fue muy angustiante”, dijo un joven del sector.

Algunos vecinos dicen que tiene temor de estar en sus hogares. “Es una guerra campal y, lamentablemente, no podemos hacer nada“, lamenta Jenny, vecina de un pequeño edificio afectado por las protestas y la represión en Santiago.

“¿Cómo nos vamos de acá o a dónde nos vamos? Hay gente, hay niños, hay guaguas y les da lo mismo, tiran piedras, tiran bombas y les da lo mismo“, comenta.

La noche del martes fueron apedreados sin ningún motivo y las ventanas del departamento de Jenny evidencian la noche de violencia que vivieron. “Tengo los vidrios todos quebrados, pero si cambio vidrios tengo que poner una protección, porque si vuelven a tirar, me vuelven a quebrar los vidrios”.

El temor de estar en sus viviendas se suma al de dejarlas deshabitadas. “Yo tuve que sacar a mi hija de acá, pero yo no puedo dejar el departamento ¿cómo lo dejo solo?“, comentó Jenny.

Uberlinda Aránguiz, vive en la calle Ramón Corbalán de Santiago y relata cómo es vivir en medio de luna zona de conflicto. “Piedras llegan, bombas lacrimógenas. En esta calle es todo los días manifestaciones, no como las que están allá alrededor de la Plaza, donde está la gente cantando contenta, acá no, este es el sector que yo digo violento“.

Incluso, debido a su salud dice que debió dejar su casa. “Estoy en la casa de mi hija mayor hasta que esto calme, porque en realidad no puedo vivir así como estoy acá”.

Como Uberlinda y Jenny, miles de ciudadanos siguen aguantando la violencia de un grupo que no son nada frente a los cientos de miles de manifestantes pacíficos, pero que complican a otras personas que viven en el sector.