Estados Unidos bombardeó territorio venezolano el 3 de enero y capturó a Nicolás Maduro, en una operación militar que puso fin a una escalada estratégica iniciada hace cerca de siete meses. Washington justificó la ofensiva en su lucha contra el narcotráfico, sin ocultar que el objetivo final era un cambio de gobierno en Venezuela. La acción se produjo tras semanas de presión militar, sanciones económicas y el despliegue de la mayor flota estadounidense vista en el Caribe.
La intervención incluyó ataques a supuestas embarcaciones ligadas al tráfico de drogas, la designación del Cartel de los Soles como organización terrorista y el cierre total del espacio aéreo venezolano. Además, Estados Unidos golpeó directamente al sector petrolero, responsable del 90% de los ingresos del Estado, con la incautación de petroleros y el bloqueo marítimo. Estas medidas aislaron progresivamente al régimen, mientras Washington reiteraba que no reconoce a Maduro como presidente legítimo tras las elecciones de 2024.
La madrugada del sábado, explosiones sacudieron Caracas y zonas estratégicas del país, culminando con la captura de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, quienes fueron sacados por aire de Venezuela. El régimen denunció una “agresión militar” y solicitó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, mientras líderes regionales reaccionaron con posturas divididas. Estados Unidos confirmó que Maduro enfrentará cargos penales por narcotráfico y armas, marcando un punto de inflexión histórico en la crisis venezolana.
Así se ven los terribles bombardeos esta noche en Venezuela, donde los aviones de guerra sionistas atacan los barrios civiles con bombas estadounidenses de 1 tonelada de explosivos.
— luisiño (@stivenclips) January 3, 2026
sin que nadie le imponga sanciones ni rompa relaciones diplomáticas con estos genocidas
🕊️🇻🇪💔 pic.twitter.com/mfbdDX5WwA