
Ingresar al mundo laboral representa uno de los principales desafíos para los jóvenes chilenos. Conseguir empleo, obtener una remuneración adecuada y alcanzar independencia económica se han convertido en objetivos difíciles para quienes comienzan su trayectoria profesional. Esta realidad pone en evidencia las diferencias de ingresos, la informalidad laboral y las desigualdades de oportunidades que afectan a las nuevas generaciones.
De acuerdo con la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), los jóvenes de entre 15 y 24 años percibieron un ingreso medio mensual de aproximadamente $605.200 cuando trabajaban en empleos formales, mientras que quienes se desempeñaban en condiciones de informalidad recibieron alrededor de $342.800. Una diferencia de $262.400 mensuales que refleja el impacto de las condiciones laborales en sus ingresos.
La situación también presenta diferencias importantes en la Región de Antofagasta. Según la ESI 2025 del INE, el ingreso medio mensual alcanzó los $1.196.754, mientras que el ingreso mediano fue de $830.350. Sin embargo, al observar las diferencias por género, los hombres registraron un ingreso medio de $1.426.315, frente a $879.320 de las mujeres, lo que representa una brecha de aproximadamente 38,4%.
A nivel nacional, la misma encuesta registró un ingreso medio mensual de $962.945 y un ingreso mediano de $680.000 durante 2025. Estas cifras muestran que los promedios generales no necesariamente representan la realidad económica de quienes recién comienzan a trabajar.
Para los jóvenes, recibir menores remuneraciones o acceder a empleos informales puede tener consecuencias que van mucho más allá del sueldo mensual. Dificulta independizarse, arrendar o comprar una vivienda, ahorrar, continuar estudios y proyectar una familia. También limita la posibilidad de construir estabilidad económica y avanzar socialmente.
En una región como Antofagasta, donde la minería y las actividades productivas tienen un papel importante, el desafío también está en generar oportunidades para que las nuevas generaciones puedan acceder a empleos estables, mejores remuneraciones y posibilidades reales de desarrollo.
La brecha salarial no es solamente una diferencia en los ingresos: representa una desigualdad de oportunidades que puede condicionar el presente y el futuro de miles de jóvenes chilenos.